La historia de un árbol

La primera vez que vi ese árbol me llamó mucho la atención, era muy distinto a otros que había visto, con su tronco torcido, bastante hueco, e inclinado hacia un lado, sus ramas superiores tenían hojas verdes señal de que estaba vivo. Muchos lo conocían y lo llamaban el árbol torcido. Era una lenga (Nothofagus pumilio), que quizás cuantas estaciones del año vio mientras crecía.


Este árbol se encuentra en el valle Asencio, en el parque nacional Torres del Paine, casi al final del bosque, antes de empezar el último tramo en subida por la morrena hacia el famoso mirador de Las Torres. Trabajando de guía en el parque tuve la oportunidad de ver a esta añosa lenga en varias ocasiones, muchas veces me daba el tiempo de parar a su lado y escuchar como su corteza crujía, al moverse con el viento.



Pero, ¿Por qué esta lenga creció de tal manera? Hay dos teorías que he escuchado. La primera es que mientras crecía, con sus ramas principales fue buscando la luz para captar la energía del sol, estas fueron girando lo que llevó a que el tronco del árbol quedara torcido. La segunda teoría, es que el viento fue el causante, torciéndolo poco a poco mientras crecía en sus primeros años de vida. Cualquiera sea la razón, el resultado es que los tejidos vasculares o conductos por los que fluye tanto el agua como los nutrientes en el árbol, es decir el xilema y el floema, se comprimen y aprietan, dificultando que la lenga en este caso pueda nutrirse correctamente, por lo que poco a poco se va debilitando más y más.


Un día, el 8 de febrero del año 2013, me enteré gracias a una compañera guía, que el árbol se había quebrado y caído. Ella lo había visto de pie como siempre al subir al mirador, pero al bajar unas horas después vio que este finalmente había tocado el suelo con sus ramas superiores. Había vuelto a la tierra. El bosque había cambiado.


Unos días después pude verlo personalmente, estaba así, quebrado hacia un lado. Pero su tronco no estaba tocando la tierra, se había formado un arco natural con la curva que el árbol tenia al crecer.



Luego, casi tres años más tarde, pude volver a ver a la lenga caída, para ese entonces ya había llegado a tocar el suelo con su tronco. Al caer al suelo giró nuevamente, la parte de la corteza que se podía ver desde un lado, ahora estaba abajo, en contacto con la tierra.


En los años que vendrán el tronco seguirá siendo hogar para distintas especies de insectos que viven en su corteza, al mismo tiempo líquenes y musgos crearán suelo sobre él y los hongos descompondrán la madera lentamente, volviendo esta a ser parte de la tierra. Seguramente un nuevo árbol podrá crecer en donde hoy yace esta lenga, eso solo se podrá observar con el pasar de los años.


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