Observar a un animal

La primera vez que ves un animal, de manera salvaje, es siempre una gran y grata sorpresa. No sabes cuándo va a ser, como será ese momento y cuán cerca estarás de él. Pero produce una felicidad, una alegría que viene de algo tan simple, pero que nos recuerda que no estamos solos, que hay otros seres viviendo ahí, con los que interactuamos de alguna u otra manera. En ese momento, conoces al otro animal, lo escuchas, lo sigues con la mirada, quizás te mire de vuelta, puedes ver de qué tamaño es y cómo se mueve.


Por ejemplo, estuve esperando por años para ver al monito del monte (Dromiciops gliroides), un pequeño marsupial que vive en Chile. Es uno de los marsupiales que vive en el país junto a la yaca, comadrejita trompuda, y comadrejita de vientre blanco. Para hacerse una idea de su tamaño desde la punta de su cabeza hasta el comienzo de cola puede medir entre 8 y 13 cm. Es famoso también porque es difícil de encontrar.



Era febrero del año 2015, estaba acampando durante un programa de voluntariado en el bosque húmedo-templado del Parque Nacional Huerqueque, el hábitat natural de este animal. Hasta el momento solo había visto fotos, escuchado y leído sobre él. Por 6 noches busqué en las ramas de los arboles del bosque, cada vez por alrededor de 15 minutos antes de irme a dormir después de un largo día. Usaba una linterna esperando ver dos pequeños puntos blancos, hasta que una noche, cuando menos lo esperaba, estaban ahí! Dos pequeños ojos mirándome. Lo miré por unos momentos, estaba bien arriba en el árbol, busqué mi cámara y mi trípode, aunque la distancia y la oscuridad hacían difícil enfocar logré un par de imágenes, luego de unos minutos decidí parar de fotografiar para dejarlo tranquilo, me alejé, caminé unos cuantos metros y apareció otro! Esta vez justo a mi altura y en unas ramas descubiertas, hice algunas fotografías, cuidando de no molestarlo o asustarlo, y también de no mostrarlo mucho a algún ave rapaz nocturna como un Concón que estaría feliz de encontrar esta presa fácil de cazar. Nuevamente luego de unos minutos decidí que debía parar de fotografiar, ya tenía la fotografía que quería. Tomé un último vistazo, le agradecí, y me aleje feliz de haber visto dos monitos del monte seguidos y por primera vez.



La última vez que vi un animal por vez primera fue un siete colores (Tachuris rubigastra), una pequeña y colorida ave que vive en los humedales de Chile, para verlo es necesario saber donde vive, como se mueve, y solo esperar a que aparezca. Pasó exactamente así, estuve esperando atentamente y de pronto, apareció, inquieto, moviéndose de un lado para otro, buscando comida entre los juncos. Fue un momento memorable, no tomé la cámara, solo quería verlo, luego me daría el tiempo de tomar las fotografías pacientemente.



Pero, ¿a que quiero llegar con todo esto? En mi opinión, luego de observar animales por un momento, comprendes mejor quiénes son, cuáles son sus necesidades, aprendes de ellos y les tomas cariño. También puedes darte cuenta si algo que hacemos los afecta negativamente, algo que quizás antes no sabías que consecuencias traía. Cuando los conoces puedes hacer mejores esfuerzos por protegerlos, para que sus especies puedan seguir viviendo en la Tierra, de la misma manera en la que deberíamos aprender a vivir todos juntos en el mismo planeta. La primera vez que ves un animal es como conocer a un hermano, alguien que se parece un poco a ti, alguien que básicamente tiene las mismas necesidades que tu, un animal con quien compartimos este mundo. Probablemente por eso nos nace esa felicidad, es vernos reflejados en el otro.



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© 2015 Alfredo Rivera Fotografía